Uno de los ensayos más preclaros, si de hablar de erotismo se trata, es el inspirado en el pensamiento Helénico y que sobradamente desvela Octavio Paz en su libro La Llama Doble. El fin último del lenguaje es la comunicación, el fin último del sexo es la reproducción, si a ambos se les impide su finalidad práctica, sincretizándolo con la imaginación, el lenguaje se tranforma en poesía y el sexo en erotismo...