Guadalupe cifra en sus letras la felicidad, aquella que no queda mas remedio que evocarla y que aquella que en el futuro ha de construir. Dice que escribe para divertirse, para contar, para desahogarse, dice que escribe para señalarse a los demas que ha vivido, no para enseñar, mucho menos para dar ejemplo, sino para mostrarse justo como la mujer que es: la que se expresa para poder vivir.