La novela, a modo de acertijo, rodea el devenir de varios personajes relacionados con un proyecto artístico concebido a partir de un maletín encontrado entre los restos de la explosión del vuelo HK-1803, ocurrido en 1989, que marco la historia del narcotráfico en Colombia y aún sigue en polémica impunidad. La misma novela forma parte de dicho proyecto artístico, pero todos los trances relativos a su construcción son oscuros y contradictorios, en relación a la realidad histórica como hipótesis esquiva y foránea. Así, Cadáveres de papel puede leerse como un puzle sobre el fracaso de la veracidad, una vuelta de tuerca al género negro y un sobrevuelo a los supuestos de la era digital.
El 10 de febrero del 2015 fue anunciado el ganador del Premio Internacional de Narrativa xii Edición: el colombiano Jairo Andrade, quien participó con la novela titulada Cadáveres de papel. Dicho premio ha sido entregado desde el 2003 en forma conjunta por el Colegio de Sinaloa, la Universidad Nacional Autónoma de México y Siglo XXI Editores. El escritor colombiano ha también ha sido ganador de diversos premios, como el Premio Distrital de Cuento Ciudad de Bogotá 2014, por su cuento Hye, y en el 2012 el Concurso de Cuento IDCT de Bogotá, entre otros; además, dirige el Taller Virtual de Escritores, ha conducido la Fundación Gilberto Alzate Avedaño e IDARTES, donde ha impartido talleres literarios.
Cadáveres de papel es una novela que tiene la forma de un rompecabezas, pues se inspira en el atentado ocurrido el 27 de noviembre de 1989 en Colombia, cuando fue colocada una bomba en un avión Boeing 727-21 con matrícula HK-1803, para hacerlo estallar en pleno vuelo, donde murieron 101 pasajeros. El atentado fue ordenado por el Cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, para asesinar al candidato presidencial César Gaviria. Este hecho forma parte del llamado narcoterrorismo, periodo que abarcó de 1984 a 1993 y se considera como una de las épocas más violentas y corruptas que han azotado a Colombia.
La versión oficial del fatídico hecho cuenta que la bomba fue detonada dentro de la cabina de pasajeros. Los que llevaron a cabo la operación fueron dos individuos, un hombre vestido de ejecutivo y un muchacho, aparentemente, de 17 años a quien le apodaban El Suizo (colombianismo que hace alusión a alguien que es engañado para cometer un acto suicida). La bomba se encontraba escondida en un maletín y sería activada por medio de una grabadora. El hombre abandonó la escena y dejó que el muchacho abordara sólo el avión; el joven tenía la orden de grabar a dos supuestos delatores del Cartel de Medellín, así que cuando comenzó su trabajo, la bomba explotó.