Violaciones en masa en Bosnia, agresiones cada día en nuestros países occidentales: la violencia contra la mujer provoca reacciones variadas. Entre ellas es particularmente interesante la de la Iglesia. La actitud del Pontífice hacia la «mujer-víctima» supone una radicalización de algunas posiciones del cristianismo, una de cuyas concepciones de fondo es la del sacrificio simbólico, la de la necesidad de la existencia de una víctima.
En el pensamiento de Wojtyla la mujer es una figura simbólica y una figura sacrificial.
Parece ignorarla como realidad humana, para considerarla tan solo un símbolo pasivo.
La exhortación a no abortar después de la violación es coherente con su visión: son únicamente instrumentos de procreación y ha de asumir su propia "dignidad".
La presente reflexión conduce a las raíces históricas de problemas muy actuales. Es un alegato valiente contra la violencia y la sumisión que se impone a las mujeres y un análisis de uno de los transfondos ideológicos que las sustentan.