Aquí se trata de aclarar una cuestión teórica actual y decisiva: el agua no es ni puede ser mercancía. Se aplica esta demostración para explicar el proceso de privatización del agua, criticar otras interpretaciones del fenómeno y denunciar realidades y discursos que lo encubren. Se hace una somera semblanza del movimiento social de resistencia contra dicho proceso y del papel que desempeñan en él las empresas transnacionales y el Estado. La finalidad del autor es puntualizar el método básico de la lucha política contra la mercantificación forzada del líquido vital.
La apariencia de que el agua es mercancía encubre una violencia extraeconómica de expropiación forzada a la nación y a las comunidades locales, una acumulación originaria de capital que está ocurriendo en las postrimerías del capitalismo. Se trata del disfraz de un acto político que busca someter al despojado mediante procedimientos que aparentan que la equidad económica mercantil permite garantizar el servicio hídrico y promover la libertad y el progreso.