Augusto Cruz recreó la historia de una joya perdida con el riguroso olfato de un investigador de homicidios. Una novela tan inquietante y reveladora como sorprender a Bela Lugosi en el momento en que se quita el maquillaje. Juan Villoro
Luego de jubilarse del FBI, donde fue secretario de J. Edgar Hoover, el detective Mc Kenzie es convocado por el famoso coleccionista Forrest Ackerman para encontrar Londres después de medianoche, una de las películas más buscadas en la historia del cine. Aunque la última copia desapareció en los años veinte, la leyenda asegura que trajo la desgracia a sus actores pues en ella actuaban vampiros reales, que los cines que la exhibieron se incendiaron, y que aquellos que la buscan desaparecen. Mientras salta del corazón de Hollywood a algunas de las ciudades más conflictivas de México, el detective se topa con los sobrevivientes de dos mundos: uno que lanzaba los desechos del cine a la basura, y otro que busca poseer un pedazo de historia a cualquier precio.
Nació en Tampico. Ha cursado talleres de guionismo cinematográfico en México y UCLA, así como el Masterclass en Dirección del Sindicato de Directores de México. Colaborador de Etiqueta Negra y La Nave, ha obtenido premios o becas por parte del CIGCITE, del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes y del Centro de las Artes de Oaxaca. Desde hace unos años abrió una panadería en su ciudad natal, donde entre una generación y otra de panes exquisitos, escribe novelas de aventuras con un innegable sabor literario. Londres después de medianoche es su primera novela y actualmente se traduce al francés.