Este libro toma otro camino; Boime investiga por primera vez el tema de las estrellas. Encuentra que van Gogh se había ocupado muy intensamente de la astronomía y de la astrología y con este cuadro quiso leer su destino, literalmente, en las estrellas. El cielo nocturno oscuro, agitado y sin embargo brillante, aparece así como una interrogación sobre el propio futuro y, al mismo tiempo, como un modelo utópico de salvación, estrechamente vinculado con la Exposición universal de Paris en 1889.