"Yo amo lo delicado y se me concedió con el amor, la luz del sol y lo bello", dice Safo en uno de los fragmentos del libro IV. Y en un pequeño libro de poemas, Rosamaría Roffiel dice: "Hemos cumplido la sentencia por osar mirarnos desnudas al espejo. Corramos libres ahora." Si en Safo la delicadeza del amor le fue concedida, en Roffiel fue conquistada después de una condena. Por eso en Amora, novela testimonial, el amor se feminiza totalmente en el encuentro de dos conciencias y dos cuerpos femeninos que física y espiritualmente hacen el amor en una especie de voluptuosidad sin memoria, y Lupe junto con Claudia corren libres ahora.
Pero en Amora hay mucho más que un espléndido entusiasmo vital y amoroso, aunque esto de por sí ya sería suficiente; hay algo más, insisto, que el gran tema del deseo y la sexualidad femenina al margen de la norma heterosexual y el prejuicio homofóbico.
Hay una revalorización de la solidaridad como compromiso humano y una propuesta ética que, reinvindicando el cuerpo, lo transciende para restaurar en las relaciones individuales y sociales los auténticos lazos de honestidad y lealtad.